viernes, 5 de junio de 2009

REALIDAD OBLICUA


Cuando hablamos de sueños es indispensable mencionar a Sigmund Freud, quien fue de los primeros hombres en interesarse por la teoría de los sueños. En su libro “la interpretación de los sueños”, plantea que estos son el resultado de las vivencias ocurridas durante el día anterior, cuando el inconciente decide manifestar las ideas o sensaciones que fueron reprimidas. La interpretación va definida según la relación del paciente con los objetos con los cuales sueña. Aunque he profundizado más en el tema, la finalidad del proyecto no es interpretar los sueños, mi interés, va más enfocado a la percepción sensorial de mis sueños , y Freud no profundiza en este aspecto. Sin embargo me interesa, la manera como Freud define la mente. Describe un vestíbulo (entiéndase como inconciente) contenido por las ideas e imágenes mentales, en la puerta de este vestíbulo hay un guardián que determina la manifestación de estás imágenes en la sala (entiéndase como conciente). Cuando la imágenes e ideas no son aprobadas por el guardián, para la manifestación de estás en la sala. Muchas de ellas insisten en mostrarse, y lo pueden hacer por medio de los sueños; es decir que los sueños son el medio para liberar el inconciente (las ideas y sensaciones reprimidas). Esta manera de entender el mecanismo de la mente, me parece pertinente para mi propuesta, porque señala una intersección entre el estar despierto y dormido, debido que en los sueños se liberan la sensaciones reprimidas de cuando estamos despiertos.

Por otro lado André Bretón, En “el manifiesto surrealista”, señala varios puntos con los que estoy de acuerdo. Uno de ellos es dar importancia a los a sueños tal y como se les da a las experiencias reales. Decidiendo creer en el testimonio de su vista, de sus oídos…, notando que en los sueños se actúa con mucha naturalidad, se hace lo que realmente se desea. Y, plantea la pretensión por armonizar los dos estados: despierto – dormido, sin obtener ningún logro, según sus propias conclusiones.

Finalmente Italo Calvino, en su Libro “Palomar” en el último capítulo describe una meditación en donde plantea “un mundo que mira al mundo”. Es decir que lo que hay antes de nuestros ojos, nuestra mente, es un mundo (se entendería como interior) y lo que hay frente a nuestros ojos es otro mundo (se entendería como exterior). Me parece interesante ésta hipótesis ya que considero los sueños parte de ese mundo interno, el cual en pocas ocasiones se exterioriza y las experiencias oníricas se quedan guardadas allí como si no tuvieran ningún valor. De aquí puedo desplegar mis propias conclusiones.


En Primer lugar, cuando hablo de dar validez he importancia a las experiencias oníricas, es porque considero que son imágenes muy ricas, que afectan los sentidos, aunque éstos estén descansando. Los sentidos resultan siendo testigos de los acontecimientos de mis sueños y se vuelven importantes cuando despierto y recuerdo estas sensaciones. Yo lo defino como un proceso: cuando estoy despierta, los sentidos brindan la información a la mente y cuando dispongo a descansar, mi cuerpo entra en reposo, permitiendo a la mente devolver la información a los sentidos; se crean así diferentes sensaciones, como caer, volar, ver, escuchar etc. Es importante destacar que la mente nunca trabaja sola; es parte de una maquinaria que procesa la información que le es enviada por el cuerpo. Por esta razón cuerpo y mente no logran separarse ni actuar de manera independiente, aunque estemos dormidos. Es un trabajo en equipo que yo llamo maquinaria.


Por otro lado considero que mis sueños tienen carácter de realidad. Para mí, se puede entender como una “realidad oblicua”. Es decir que no está del todo aparte de la realidad conocida comúnmente por todos, pero al ser los sentidos testigos de acontecimientos oníricos, es decir el hecho de ver, escuchar, sentir, y al quedar estos en la memoria, cuando despertamos, las dos realidades se tocan. Los sueños no son cien por ciento imaginación, son cosas que vemos y con las que nos relacionamos en la realidad conocida por todos, como si hubiera para cada uno de nosotros dos mundos: el de la mente que defino como realidad interior y el mundo de fuera de la mente, que voy defino como realidad conocida por todos.

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